¿Está escrito nuestro futuro? 

No hace falta ser vidente, aruspice o mago para saber que el futuro es una de las cosas que más ha interesado conocer al ser humano desde tiempos prehistóricos. 

Los oráculos y todas las artes adivinatorias nacen de la inseguridad innata que el hombre posee y es raro el vidente que no usa o ha usado en alguna etapa de su vida alguno de estos métodos como vínculo para predecir el futuro.

La profesión de adivino no nació por casualidad, nació por necesidad. Los miedos, deseos y esperanzas hacen que lejos de que las técnicas milenarias caigan en desuso, cada día proliferan por doquier con más fuerza si cabe que en la antigüedad.

El hombre prehistórico tuvo la necesidad de buscar en su entorno respuestas futuras a su mundo hostil. En los fenómenos meteorológicos y en los elementos de la naturaleza, en la observación de los vientos, las tormentas y la lluvia podían deducir el tiempo de los días siguientes, lo que les ayudaba en la búsqueda de comida y encontrar cobijo seguro.

La oniromancia, arte que se ocupa de interpretar el origen de los sueños fue en el hombre primitivo la segunda técnica de adivinación cuyo efecto consolador le hacía adentrarse en lo desconocido y moverse en otro plano de la realidad.

Hoy como ayer los motivos de consulta y los consultantes pertenecen a todos los estatus sociales.

Los videntes cumplen una función psicológica positiva para algunas personas, alivian la angustia, los miedos y la soledad, sirven como confidentes. Dejando al margen su fiabilidad y honradez. 

En el mundo de la videncia es donde más estafadores se encuentran. Así es, aunque me duela decirlo. El verdadero vidente puede llegar a predecir el futuro de forma inconsciente, entrando en el precosciente colectivo de otra persona. Y como en mi caso por la información que me proporcionan mis guías y maestros del mundo espiritual. Contactar con las energías superiores es la clave que nos guiará en la lectura de los oráculos.

Siempre he dicho y afirmo que nuestro futuro depende de nosotros mismos y de los caminos que vayamos eligiendo a lo largo de nuestra vida y no de las predicciones que nos haga un vidente. Un vidente puede ver el posible desarrollo de un tema en cuestión, pero será el libre albedrío el que dictamine si esa precognición se verá o no realizada.

Uno de los peligros que las predicciones nos deparan  es el vaticinio aciago que puede cumplirse por la influencia debilitadora que ejerce la mente de una persona frágil o sumamente sensible. Nuestra mente controla y maneja enfermedades físicas y mentales de nuestro cuerpo. 

Las predicciones negativas son en extremo peligrosas. Tanto decir la fecha de una muerte como que padeceras una enfermedad grave causan efectos psicológicos desastrosos en nuestra mente, pudiendo hacer que los vaticinios aciagos se lleguen a cumplir.

A riesgo de que me tachen de mala vidente jamás desvelo estos datos por muy claros que se me revelen mi ética y moral no me lo permite. El daño que se puede hacer es irreparable no dando al individuo la opción del libre albedrío.

La percepción extrasensorial debe utilizarse para hacer el bien y no para causar daños mayores.

En la actualidad podemos encontrar un sinfín de métodos adivinatorios tan diversos como curiosos. Poco a poco os mostraré sus peculiaridades. El próximo día os hablaré del tarot.

Lucía Llorente.

“Los auspicios de un emperador romano”, por Giovanni Lafranco. Hacía 1635.

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